lunes, 4 de julio de 2011

REFLEXIÓN: EL NAUFRAGO

El único sobreviviente de un naufragio llegó a una pequeña isla deshabitada. Oraba fervientemente y le pedía a Dios que lo rescatara. Todos los días miraba al horizonte esperando la ayuda solicitada, pero esta nunca llegaba.
Cansado de no tener respuesta comenzó a construir una pequeña cabaña para protegerse y guardar sus pocas posesiones. Un día, después de andar buscando comida, regresó y encontró su pequeña choza envuelta en llamas, una columna de humo subía hacia el cielo.
Por fin logró apagar el incendio y aunque lo peor había pasado, todas sus cosas se habían perdido. Estaba confundido y su ira se desató contra Dios:
¿Cómo pudiste hacerme esto? gritaba, llorando de impotencia.
Abrumado y desconsolado, se quedó dormido sobre la arena. De pronto el sonido de la sirena de un barco que se acercaba a la isla lo despertó. Venían a rescatarlo. 
Cuando llegó a la cubierta del barco preguntó:
¿Cómo sabían que estaba aquí?
Sus salvadores algo extrañados le contestaron: porque vimos las señales de humo que nos hiciste...
Reflexión: 
Es fácil enojarse cuando las cosas van mal, pero no debemos perder la paciencia, porque el Señor está trabajando en nuestras vidas y a su hora se va a manifestar.
En medio de las penas y del sufrimiento, recuerda que si tu pequeña choza se quema... puede ser simplemente una señal de humo que surge de la gracia de Dios.

Saludos.
Pallas.








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