Un día el viejo león se despertó y conforme se desperezaba se dijo que no recordaba haberse sentido tan bien en su vida.
Se sentía tan saludable y fuerte que pensó que no habría en el mundo nada que lo pudiese vencer. Con este sentimiento de grandeza, se encaminó hacia la selva, allí se encontró con una víbora a la que paró para preguntarle:
Dime, serpiente, ¿quién es el rey de la selva?
Tú, por supuesto, respondió la culebra, alejándose del león a toda marcha.
Así continuó toda la mañana, recibiendo la misma respuesta, todos le aseguraban que él era el rey de la selva.
De pronto le salió al paso un elefante y cuando el león preguntó, el paquidermo lo levantó con su trompa cual si fuera una pelota, lo tiraba al aire y lo volvía a recoger hasta que lo arrojó al suelo poniendo sobre el magullado animal su inmensa pata.
Muy bien, basta ya, lo entiendo... dijo el león, pero no hay necesidad de que te enfurezcas tanto, porque no sepas decirme quién es el rey de la selva.
La soberbia consiste en concederse más méritos de los que uno tiene. Es la trampa del amor propio; estimarse muy por encima de lo que uno vale. Es falta de humildad y por tanto, de lucidez.
Saludos desde Venezuela
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