Un poeta muy antiguo narra la historia de "Marinela, la buena". Era la mejor muchacha del pueblo, y se casó con un hombre extraordinariamente recto. Dios les regaló un hermoso hijo.
Todos los vecinos elogiaban las virtudes y bondades de estos esposos y la belleza de su niño. Pero de pronto permitió el Todopoderoso que al pequeñín le llegara una gravísima enfermedad. Los médicos decían que no tenía curación. Marinela se arrodilla junto a la cunita del niño agonizante y exclama llorando:
"No, Señor, Tú no puedes quitarme este hijito, porque nosotros hemos cumplido siempre tu santa voluntad. Jamás nos hemos avergonzado de ser amigos tuyos. Hemos ayudado a los infortunados, enseñado a los ignorantes y si permanecemos aún muy pobres es porque todo lo que ganamos lo repartimos entre los que carecen de lo necesario para vivir. Y Tú sabes cuánto te rezamos y con qué fe te imploramos".
Al terminar de implorar Marinela se quedó dormida.
Y en su sueño logró ver el futuro.
Contempló que al cabo de 40 años, ellos; los dos esposos ya ancianos, veían reunirse a todos los vecinos que iban a linchar a un criminal. Al fijarse bien notó que era nada nada más y nada menos que su propio hijo que por la amistad con malas compañías había tomado el camino del crimen. La angustiada madre exclamó entonces llena de emoción:
"Oh Dios, si mi hijo al ser mayor no ha de ser un buen cristiano y un buen ciudadano, acepto desde ahora que te lo lleves a la eternidad, ahora que todavía es un angelito inocente".
Al decir estas palabras despertó.
En ese momento expiraba su hijo y pasaba a la eternidad. Ella en vez de maldecir o desesperarse, aceptó calmadamente la voluntad del Señor.
Recuerda...
Todo resulta beneficioso para aquellos que aman al Creador y aunque nos duela en el alma... Él tiene razón en todas sus determinaciones.
Saludos desde Venezuela
