María en su dolor profundo, presenció la muerte más atroz e injusta que se haya realizado jamás, pero al mismo tiempo le alienta una gran esperanza sostenida por la fe. Vio a su hijo abandonado por los apóstoles temerosos, flagelado por los soldados romanos, coronado con espinas, escupido, abofeteado, caminando descalzo debajo de un madero astilloso y muy pesado hacia el Monte Calvario, donde finalmente presenció la agonía de su muerte en una cruz, clavado de pies y manos.
¿Te has preguntado de dónde viene su resistencia, su aguante y su entereza?
Su fortaleza se la proporciona la oración y la confianza en que la Voluntad de Dios es lo mejor para nosotros, aunque nos cueste entenderla.
Cree, porque la fe es la llave de la esperanza.



