Cuarenta días para crecer en el amor de Dios y del prójimo.
Antes de comenzar su misión salvadora, Jesucristo se retira al desierto cuarenta días y cuarenta noches. Allí vivió su propia Cuaresma, orando a su Padre, ayunando y después, salió al mundo repartiendo su amor, su compasión, su ternura, su perdón. Que su ejemplo nos estimule y nos lleve a imitarle en esta época de reflexión.


