A pesar de su nombre, estos insectos son unos fantásticos depredadores.
Su cabeza triangular se alza en lo alto de un estirado cuello, que de hecho es un tórax alargado.
La mantis, que suele ser verde o parda y se camufla muy bien entre las plantas de su hábitat, embosca o acecha pacientemente a sus presas.
Usan sus patas delanteras para atrapar a su víctima con unos reflejos tan vertiginosos que resulta difícil verlo a simple vista.
Muy a su pesar, polillas, grillos, saltamontes, moscas y otros insectos suelen despertar el nada deseado interés de la mantis.
Por otra parte, estos animales también se comen a los de su propia especie. El ejemplo más famoso de ello es la infame conducta amatoria de la hembra adulta, que en ocasiones extermina a su pareja justo después del apareamiento, e incluso durante la cópula. A pesar de ello, los machos no rehuyen la oportunidad de reproducirse.
Las hembras ponen cientos de huevos en una pequeña bolsa, de la que las larvas emergen con un aspecto muy similar al de sus progenitores a escala diminuta.

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