Un elogio levanta el ánimo de quien duda de sí mismo; dándole alas para seguir adelante y progresar.
No olvides que fuimos creados para triunfar, no para fracasar.
Para Dios, somos importantes y Él se siente plenamente satisfecho cuando luchamos por conseguir nuestros ideales, y llevados de su mano lograremos alcanzarlos.
Nuestro grito de combate será el de San Pablo:
"Todo lo puedo en Cristo que me fortalece"
Despierta tus dormidos ideales, aviva las esperanzas, inyectale valor a tu voluntad, persevera en la lucha y date cuenta que por el camino de la facilidad no se llega jamás a los verdaderos triunfos y que sin el sudor de la frente no se consigue el pan de las verdaderas realizaciones.
Saludos desde Venezuela.
