Madrecita, madrecita, blanca flor de cantarrana, suave encanto de mi vida, dulce amor que nunca engaña.
Quien te mira ya te admira, espejo que no se empaña, la virtud bien aprendida, de sufrir siempre callada.
Arañita perseverante, que en el rincón de montaña, su telita laboriosa en silencio teje y guarda.
Una vida encantadora, de ternura delicada, de paciencia bondadosa, dulce amor que nunca engaña.





