Poncio Pilato, no encontraba razones para condenar a Jesús, e incluso trató de liberarlo, pero, ante la presión amenazante del pueblo que gritaba:
"¡Crucifícalo, crucifícalo!"
"Si lo sueltas, no eres amigo del César"
pronunció la sentencia que le reclamaban y les entregó al Mesías, después de azotarlo, para que fuera crucificado.
San Juan el evangelista, nos dice que pocas horas después, junto a la cruz, estaba María, su madre.
Cuántos temas para la reflexión nos ofrecen los padecimientos soportados por Jesús desde el Huerto de los Olivos hasta su condena a muerte: abandono de los suyos, negación de Pedro, flagelación, corona de espinas, vejaciones y desprecios sin medida.
Y todo por amor a nosotros, por nuestra conversión y salvación.

