Según la tradición cristiana, Jesús se manifiesta a los judíos a través de San Juan Bautista durante su Bautismo, en el Río Jordán.
La revelación de Jesús como Hijo de Dios se relata a través una paloma que representa al Espíritu Santo.
Esta manifestación aparece en el Evangelio según San Mateo:
"Y Jesús, después de ser bautizado, subió inmediatamente del agua; y he aquí, los cielos le fueron abiertos, y vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma y se posaba sobre Él. Y he aquí, una voz de los cielos que decía: Éste es mi Hijo amado, en quien me complazco." (Mt 3:16-17)
