Murió como una heroína en la masacre de Connecticut.
Ella escondió a sus alumnos de primer grado en los gabinetes y armarios después de escuchar los disparos.
Cuando el homicida llegó a su salón de clases, dijo que los niños estaban en el gimnasio.
Fue entonces que el depravado maniático la baleó y siguió con su orgía de sangre, salvando así la vida de todos sus estudiantes.
Esta mujer merece ser recordada por su valentía, que Dios la tenga en su reino como un ángel más.
Saludos.
Pallas de Venezuela.

