Aunque a lo largo de la historia ha habido sociedades matriarcales, en las que la autoridad descansó en la figura femenina, por lo general, la mujer ha estado sujeta a la autoridad y dominio del hombre con grave pérdida para ella. En el devenir del tiempo y, bajo ciertas circunstancias, han formado, y siguen formando, parte del botín de guerra y del tráfico humano. Aún hoy existen sociedades en las que el papel de la mujer es verdaderamente trágico.
En cuanto al papel social y espiritual de la mujer la biblia parece haber fijado posición a través de Pablo, el décimo tercer apóstol, elegido por el propio Jesús después de su muerte. En carta a los colosenses el apóstol recomienda a los maridos…
“amad a vuestras mujeres, y no seáis desapacibles con ella”.
En la misma epístola dice a las esposas…
“casadas estad sujetas a vuestros maridos, como conviene al Señor” (Colosenses 3:18).
Tal recomendación, apuntando a la sujeción de la mujer ante el hombre, es dudosa, si sabemos de la naturaleza misógina de la Iglesia, y sobretodo extraña, habida cuenta que Pablo fue un iniciado. No olvidemos que durante el reinado del terror y las piras humanas los escritos originales formaron parte de un botín y fueron sesgados con propósitos definidos.
En escrito dirigido a los Romanos Pablo dice:
“Porque la mujer que está sujeta al marido, mientras el marido vive está obligada a la ley; mas muerto el marido, libre es de la ley del marido. Así que viviendo el marido, se llamará adúltera si fuere de otro varón; mas si su marido muriere, es libre de la ley; de tal manera que no será adúltera si fuere de otro marido” (Romanos 7: 2-3).
Asombroso que no mencione nada con relación al adulterio del marido!...
Para tener las cosas claras en esta materia es bueno consultar El Árbol de la Vida, modelo universal y arquetípico por excelencia. En la relación macho-hembra, o como quiera vérsele, Chokmah-Binah; Fuego-Agua, Azufre-Sal, o, si se prefiere, Padre-Madre, no hay sujeción, más bien complementariedad, en la que cada parte emerge en función de su propia naturaleza, en cuanto a la otra le falta lo que tiene su complemento. Es una relación de igualdad, no de dominios…, es una relación eléctrica-magnética; proyectiva-constrictiva…, es el juego de la Unidad expresándose a través del Binario o en la unidad de los contrarios. A esto podemos llamarlo la danza de la vida.
La inconveniencia del dominio masculino sobre el femenino también la describe pictóricamente el Arcano 15 del Tarot: El Diablo. Analizando esta clave en planos más sutiles y más allá del físico y de la relación matrimonial, se observa que la mujer, la Subconsciencia, mira al hombre (Autoconsciencia) en total actitud de sujeción. El resultado es obvio, ella se animaliza con cuernos y cascos de bestia, se esclaviza con cadenas alrededor de su cuello. Ello es así porque en el hombre su mente autoconsciente, igualmente bestializada, está limitada por el error al tomar la apariencia por la realidad, habida cuenta que sus canales de información son los centros sensoriales del cuerpo físico.
En cambio, el Arcano 6 del Tarot, Los Amantes, corrige este error de dependencia y pone las cosas en su lugar. La mujer, la Subconsciencia, mira hacia arriba y se alimenta de la fuente divina de la libertad y la plenitud. El hombre, la autoconciencia, mira hacia ella y desarrolla la intuición, o lo que es lo mismo, se hace consciente de la Voz de Dios dentro de sí al recibirla a través de la mujer. He ahí el valioso papel de la mujer, sin cuyo concurso el hombre nunca alcanzará los planos divinos del Ser ni tampoco la consciencia del alma superior.
En L.V.X
Albatros Diamantino
Albatros Diamantino

