Yacía un ciervo enfermo en una esquina de su terreno de pastos.
Llegaron entonces en gran número sus amigos a preguntar por su salud, y mientras hablaban, cada visitante mordisqueaba parte del pasto del ciervo.
Al final, el pobre ciervo murió, no por su enfermedad sino porque ya no tenía nada que comer.
Moraleja...
Más vale estar sólo que mal acompañado.
Saludos.
Pallas.
