Un hombre calvo, que usaba una peluca, salió un día a cazar.
De pronto una fuerte ráfaga de viento voló su sombrero y su peluquín, lo que provocó un estallido de risas entre sus acompañantes.
Pero él, con gran humor, se sumó al gozo diciendo:
"Que maravilla que estos cabellos que no eran míos me abandonaran, cuando ellos ya habían hecho lo mismo con el hombre en el cual crecieron".
Moraleja:
Buena decisión es tomar con serenidad lo que ya sucedió y no se pudo evitar.
Saludos desde Venezuela


