"Cuando yo era pequeño, mi madre me decía: Si te haces soldado, llegarás a general, si te haces cura, llegarás a ser Papa. En cambio de todo eso, decidí ser pintor y me convertí en Picasso"
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"Cuando yo era pequeño, mi madre me decía: Si te haces soldado, llegarás a general, si te haces cura, llegarás a ser Papa. En cambio de todo eso, decidí ser pintor y me convertí en Picasso"
Son parches de piel oscura que aparecen en zonas de la cara que están expuestas al sol.
En su mayoría se presenta en mujeres jóvenes con tonos de piel canela, pero puede afectar a cualquier persona.
Se asocia a menudo con las hormonas femeninas estrógeno y progesterona.
Es común en:
- Mujeres embarazadas.
- Mujeres que están tomando pastillas anticonceptivas.
- Mujeres que toman terapia de reemplazo hormonal durante la menopausia.
Exponerse al sol hace que el melasma tenga más probabilidad de desarrollarse.
San Francisco de Asís, fue un humilde servidor de Dios, sus escritos, están llenos de humildad y obediencia a la iglesia. Amó al Señor más allá de sus propios límites y fue él quien dijo:
"Recuerda que cuando abandones esta tierra, no podrás llevarte contigo nada de lo que has recibido, sólo lo que has dado"
Más claro, imposible.
El amor que Dios te manifestó con la muerte de su Hijo y luego con su Resurrección, es el amor que te va a ayudar a superar tu debilidad y encaminarte al sendero correcto, porque ya no es el amor que nace de ti, sino el amor que viene de Cristo, y este amor no se equivoca.
Escucha sin juzgar, habla sin ofender y observa, sin mirar por encima del hombro.
Estas tres virtudes te harán una persona digna de confianza.
La vida es un jardín, lo que siembres en ella, recogerás, selecciona granos de óptima calidad, riégalo con amor y con seguridad tendrás, las más hermosas flores.
"Y cuando entraron en el sepulcro vieron a un joven sentado al lado derecho cubierto de una larga ropa blanca y se espantaron. Mas él les dijo: no os asustéis, buscáis a Jesús Nazareno el que fue crucificado, ha resucitado, no está aquí; mirad el lugar donde le pusieron. Pero id y decid a los discípulos, y a Pedro, que Él va delante de vosotros a Galilea, allí le veréis como os dijo" (San Marcos 16: 5-6-7)
Reflexión
La resurrección de Jesús es el hecho más importante de la fe cristiana. Todo hubiera acabado si tres días después de su muerte no hubiera resucitado. Pero las Sagradas Escrituras se cumplieron y todo lo que se profetizó sobre Él fue verdad. Jesús está vivo y está sentado a la diestra del Padre, intercediendo ante Él por nuestras plegarias, nuestros anhelos, y nuestros planes.
Él continúa haciendo milagros todos los días, favoreciendo a las personas que han creído en su corazón y han confesado con su boca que Jesús es el Señor de sus vidas.
Su Espíritu Santo, vive ahora con nosotros y de nuevo se cumplió otra de sus maravillosas promesas. Era necesario que su muerte física se diera para que su naturaleza espiritual more en nosotros para siempre, dándonos sabiduría, conocimiento, dirección, palabra, en fin todas las instrucciones que necesitamos para que todo lo que emprendamos sea coronado con éxito.
No hubo victoria en el sepulcro, pues la tumba está vacía.
Él está vivo y vive con quienes le temen.

Cuando todos te digan:
"no se puede"
Debes tomar una decisión, les crees o les demuestras que estaban equivocados.
Los mandamientos, son los principios éticos y de culto que ocupan una parte fundamental en la religión Cristiana y Judía. Dichos mandamientos aparecen en la Biblia, en los libros del Éxodo y Deuteronomio.
* Amarás a Dios sobre todas las cosas.
* No dirás el nombre de Dios en vano.
* Santificarás las fiestas.
* Honrarás a tu padre y a tu madre.
* No matarás.
* No cometerás actos impuros.
* No robarás.
* No darás falsos testimonios.
* No consentirás pensamientos impuros.
* No codiciarás los bienes ajenos.
Le pregunté a un anciano:
¿Qué es más importante, amar o ser amado?
Él, me respondió con otra interrogante:
¿De las dos, cuál es más valiosa para el pájaro, el ala izquierda o la derecha?
Al fin, pude aclarar mi incertidumbre.
Una mujer con un niño en los brazos, pasando delante de una caverna escuchó una voz misteriosa que salía de adentro y decía:
"Entra y toma todo lo que desees, pero no te olvides de lo principal, cuando salgas la puerta se cerrará para siempre, por lo tanto aprovecha la oportunidad"
La mujer entró y fascinada por el oro, puso al bebé en el piso para poder juntar todo lo que podía.
La voz misteriosa habló nuevamente:
"Tienes sólo cuatro minutos..."
Agotado el tiempo, la mujer cargada de piedras preciosas, corrió y la puerta se cerró, al instante recordó que su pequeño había quedado adentro.
La fortuna y los placeres, nos fascinan tanto que lo principal lo dejamos de lado.
A la mujer de este relato, la riqueza le duró poco y la desesperación toda la vida.
El burro, nunca se queja, no tiene pretensiones de caballo; carga con todo.
Cuando la gente quiere insultar a otro le dicen su nombre y él no se molesta.
Es el más humilde de los animales.
Y por humildad, mereció estar con Jesús en su nacimiento, llevándolo encima en los días duros de la persecución; y después en los gloriosos de la entrada en Jerusalén; y en esos momentos de bienaventuranza, de palmas y de andar sobre vestiduras, no se envanecía, porque sabía que esto no era por él sino por el que llevaba encima.
Pidamos al Señor, nos conceda la gracia de callar ante los oprobios, las injurias los insultos y ante todo aquel que nos ofende, atentando contra nuestra dignidad y credibilidad.
"Las heridas que te causa quien te quiere, son preferibles a los besos engañadores de quien te odia"
En cierta ocasión, Jesús hablaba con unas personas de ésas que se creen perfectas y les puso este ejemplo:
Dos hombres fueron al templo a orar. Uno de ellos era fariseo y el otro era cobrador de impuestos.
Puesto de pie, el fariseo oraba así:
"Dios, te doy gracias porque no soy como los demás hombres. Ellos son ladrones, malvados y engañan a sus esposas con otras mujeres. Tampoco soy como ese cobrador de impuestos. Yo ayuno dos veces por semana y te doy la décima parte de todo lo que gano"
El publicano, en cambio, se quedó un poco más atrás. Ni siquiera se atrevía a levantar la mirada hacia el cielo, sino que se daba golpes en el pecho y decía:
"¡Señor, ten compasión de mí, y perdóname por todo lo malo que he hecho!"
Cuando terminó de contar esto, Jesús les dijo a aquellos hombres:
"Les aseguro que, cuando el publicano regresó a su casa, Dios ya lo había perdonado; pero al fariseo no. Porque los que se creen más importantes que los demás, son los menos valiosos para mi Padre. En cambio, los más importantes para Él son los humildes"
Cuando Pedro le dijo a Jesús:
"Maestro, enséñanos a orar"
Jesús le contestó:
"Cuando oren, háganlo de esta manera":
Padre Nuestro, que estás en el cielo, Santificado sea tu Nombre, que venga tu Reino, que se haga tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día. Perdona nuestras ofensas, como nosotros perdonamos a los que nos han ofendido. No nos dejes caer en la tentación, sino líbranos del mal” (Mateo 6,9-13)
Un peluquero tenía en su taller una bonita navaja, limpia y brillante, reflejaba meses de trabajo y la satisfacción de cientos de clientes.
Un día de primavera entró un rayo de sol. La navaja notó sus propios destellos; y se llenó de orgullo y vanidad; entonces dijo:
"Siendo yo tan luminosa, no seguiré rasurando más a tantos campesinos feos y ordinarios. Merezco una vida mejor"
Desde ese día, no quiso trabajar y decidió esconderse un buen tiempo hasta que se olvidaran de ella.
A la mañana siguiente, el peluquero, al no encontrarla, tuvo que recurrir a una más vieja.
Pasaron seis meses y la vanidosa navaja salió de su escondite y buscó el sol.
Quería ver de nuevo su propio brillo, para deleitarse de su belleza, pero, ¡amarga fue su sorpresa!
Ya no brillaba; estaba toda oxidada.
Entonces rompió a llorar y se dijo:
"Esto me ha pasado por no seguir trabajando humildemente como antes"
El barbero, al ver su antigua navaja ya oxidada, trató de limpiarla y recuperarla, pero con tanto tiempo sin uso el óxido la había inutilizado totalmente.
Entonces fue arrojada a la basura.
Moraleja:
No te llenes de soberbia y vanidad pensando que eres único e irremplazable.
La vanidad, puede llevarte a tu propia ruina y destrucción.
La mano de Cristo que hoy te sostuvo, te sostendrá mañana y hasta el último día de tu vida.
Que el Señor nos conceda la gracia de tomar nuestra cruz y seguirlo, aunque duela.
Jamás tomes una decisión negativa en tiempos adversos. Espera. Sé paciente, ten serenidad, resignación, conformidad y temple.
La tormenta pasará y la primavera volverá.
Pidele al Espiritu Santo, te ilumine no solo a la hora de actuar, sino en todas las acciones que realices a diario.
Señor, enséñanos a orar en familia como Santa Teresa de Jesús:
"Nada te turbe. Nada te espante. Todo pasa. Dios no se muda. La paciencia, todo lo alcanza. Quien a Dios tiene, nada le falta: solo Dios basta"
María, aquella joven virgen que trajo físicamente a Jesús a este mundo, nos dejó un gran ejemplo de humildad, sabiduría y entrega al servicio de Dios.
Como madre, tuvo que afrontar los retos de criar a quien con el pasar de los años se convertiría en el hombre que transformaría la historia del universo entero; y aún más, sufrir en carne propia el cruel dolor de ver a su hijo torturado y crucificado en una cruz.
En las Santas Escrituras, después de la resurrección y ascensión de Jesús, ella se mantuvo fiel esperando la promesa del Espíritu Santo, era admirada por los apóstoles y discípulos, de tal manera, que merece ser mencionada en Hechos 1:14, donde se hace distinción entre las personas que estaban perseverando en oración y, se menciona claramente entre ellos a María, la madre de Jesús.
Sin lugar a dudas, María fue una mujer valiente y su ejemplo sigue vigente. Pidamos a Dios que todas las madres jóvenes de hoy en día tengan la sensatez, el recato, y la obediencia de la Reina Celestial.
Santa Teresita de Jesús describió la oración como:
“una simple mirada hacia el cielo”
Es por eso que el silencio calma nuestro espíritu y centra nuestra atención en Jesús, que nos ofrece el mejor alimento, su Cuerpo y su Sangre.
"Dios es el que les manda a ustedes la lluvia y las buenas cosechas y Él es quien les da, lo necesario para que coman y estén contentos"