lunes, 10 de abril de 2017

PARÁBOLA DEL FARISEO Y EL PUBLICANO (Lucas 18:9-14)


En cierta ocasión, Jesús hablaba con unas personas de ésas que se creen perfectas y les puso este ejemplo: 
Dos hombres fueron al templo a orar. Uno de ellos era fariseo y el otro era cobrador de impuestos.
Puesto de pie, el fariseo oraba así:  
"Dios, te doy gracias porque no soy como los demás hombres. Ellos son ladrones, malvados y engañan a sus esposas con otras mujeres. Tampoco soy como ese cobrador de impuestos. Yo ayuno dos veces por semana y te doy la décima parte de todo lo que gano" 
El publicano, en cambio, se quedó un poco más atrás. Ni siquiera se atrevía a levantar la mirada hacia el cielo, sino que se daba golpes en el pecho y decía:  
"¡Señor, ten compasión de mí, y perdóname por todo lo malo que he hecho!" 
Cuando terminó de contar esto, Jesús les dijo a aquellos hombres:  
"Les aseguro que, cuando el publicano regresó a su casa, Dios ya lo había perdonado; pero al fariseo no. Porque los que se creen más importantes que los demás, son los menos valiosos para mi Padre. En cambio, los más importantes para Él son los humildes"









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