Este día, recordamos la muerte de Jesús en la cruz para salvarnos del pecado y darnos vida eterna.
Amado Señor, con tu muerte y obediencia a tu Padre, nos has abierto las puertas del cielo.
Este día, recordamos la muerte de Jesús en la cruz para salvarnos del pecado y darnos vida eterna.
Amado Señor, con tu muerte y obediencia a tu Padre, nos has abierto las puertas del cielo.
¿A quién le gusta sufrir?
A nadie le es grato sentir dolor. Pero María, estaba junto a la cruz porque amaba a su hijo. Así son las madres, siempre a la cabecera del hijo que sufre.
Ante esta experiencia, María ni rechaza el sufrimiento ni se deja arrastrar por la desesperación. La mayor prueba de amor que le había enseñado su Hijo era dar la vida por los que se ama y ella, tenía que dar prueba de esa entrega colaborando con la obra redentora de Jesús. En este momento en María se identifican la fe, la obediencia, la maternidad, la entrega y el amor.
Si así vivió nuestra madre el sufrimiento, así quiere que lo vivamos sus hijos.
San Francisco de Asís, fue un humilde servidor de Dios, sus escritos, están llenos de humildad y obediencia a la iglesia. Amó al Señor más allá de sus propios límites y fue él quien dijo:
"Recuerda que cuando abandones esta tierra, no podrás llevarte contigo nada de lo que has recibido, sólo lo que has dado"
Más claro, imposible.
María, aquella joven virgen que trajo físicamente a Jesús a este mundo, nos dejó un gran ejemplo de humildad, sabiduría y entrega al servicio de Dios.
Como madre, tuvo que afrontar los retos de criar a quien con el pasar de los años se convertiría en el hombre que transformaría la historia del universo entero; y aún más, sufrir en carne propia el cruel dolor de ver a su hijo torturado y crucificado en una cruz.
En las Santas Escrituras, después de la resurrección y ascensión de Jesús, ella se mantuvo fiel esperando la promesa del Espíritu Santo, era admirada por los apóstoles y discípulos, de tal manera, que merece ser mencionada en Hechos 1:14, donde se hace distinción entre las personas que estaban perseverando en oración y, se menciona claramente entre ellos a María, la madre de Jesús.
Sin lugar a dudas, María fue una mujer valiente y su ejemplo sigue vigente. Pidamos a Dios que todas las madres jóvenes de hoy en día tengan la sensatez, el recato, y la obediencia de la Reina Celestial.