Pocas cosas hay en esta vida que me provoquen un sentimiento de amor tan grande como las manos de las personas mayores, porque muchos de ellos a pesar de los años, siguen trabajando y cuidando a sus nietos.
Si las observas con detenimiento, verás que en cada surco parece estar grabada la huella de la alegría, el dolor y la tristeza.
No tengo la menor duda de que estar joven es una dicha, pero más afortunado es el viejo que ha tenido una existencia provechosa y fructífera.



