Pero ¡estás vivo!
Y eso es lo que realmente importa.
Extiende tus alas y vuela, enrumba tu vida sin temor, sin que el miedo te paralice.
Podrás sentirte lastimado, accidentado, fracturado, golpeado, pero no estás encerrado en una jaula, no estás atrapado por una imposición, no estás sujeto a nadie, eres libre y tienes el poder de decidir lo que te conviene.
Tus alas te pertenecen y toda la inmensidad para volar.

