Un instructor enseñaba a un grupo de jóvenes que deseaban emprender su camino espiritual.
En uno de los ejercicios el maestro les pidió a los alumnos que se protegieran para no ser atacados espiritualmente o, dicho en otras palabras, que protegieran su campo energético.
Frente a ello, cada uno de los discípulos tomó su protección espiritual preferida.
Al terminar el ejercicio, el mentor pudo entrar en el campo energético de todos, excepto en uno, al cual le preguntó que había hecho para no ser atacado.
El alumno contestó humildemente:
"Maestro, conociendo su poder y mis pocas herramientas, lo único que hice fue mandar amor incondicional"
