No es mejor guerrero el que gana las batallas sino el que lucha hasta el final.
El que no está seguro de si mismo, jamás dejará salir al luchador que lleva dentro y eso se logra con la fe puesta en Dios.
Como ejemplo, reseñó lo que relata la Biblia, sobre Goliat y David. Sin temor alguno, sin prepotencia y sin liderazgo, solo y con una honda en sus manos, logró vencerlo fácilmente.
¡Te fijas!, las batallas se ganan de rodillas y llenos de fe.

