La montaña de Sorte, ubicada cerca de Chivacoa, en el estado Yaracuy, Venezuela; es uno de los lugares más visitados por los peregrinos durante la Semana Santa.
Los devotos acuden allí con el fin de hacerle peticiones a María Lionza, las cuales pueden ir desde la cura de enfermedades y la solución de problemas de amor, hasta la obtención de riqueza o poder.
Muchos de sus seguidores realizan rituales para que los ayuden en los juegos, luego le rinden homenaje como agradecimiento.
Los creyentes eligen un rincón en el bosque o un recodo en el río para construir un altar desde donde invocarla, usualmente lo decoran con fotografías, figuras y estatuillas, vasos con ron o aguardiente, tabacos, cigarrillos en cruz, flores y frutos.
María Lionza, considerada en el mundo del espiritismo la reina de las cuarenta legiones, formadas por diez mil espíritus cada una, es quien preside el altar.
Junto a ella se coloca a Guaicaipuro, cacique que lucho valientemente contra los conquistadores españoles en el Valle de Caracas y líder de la Corte Indígena, y al Negro Primero, el único negro con rango de oficial en el ejercito de Bolívar, quien dirige la corte negra.
A María Lionza, llamada la Reina de Sorte se le puede representar como una bella señora vestida con un manto azul, plumas de colores y joyas, sentada sobre grandes boas o dantas y acompañada de pumas, jaguares o chivos.
La leyenda señala que María Lionza manifiesta su presencia a través de una mariposa azul.
El culto a María Lionza se remonta al siglo XV, antes de la llegada de los españoles a Venezuela. Para ese entonces, los indígenas que habitaban el territorio que actualmente conforma el estado Yaracuy, veneraban a Yara, diosa de la naturaleza y el amor. La tradición popular la describe como una hermosa mujer de ojos verdes, pestañas largas, amplias caderas y cabello liso adornado por tres flores abiertas. Se dice que olía a orquídea y era de sonrisa dulce y voz suave. Cuentan que tenia la capacidad de comunicarse con los animales.
Según la leyenda, Yara era una princesa indígena, que fue raptada por una enorme anaconda que se enamoro de ella.
Cuando los espíritus de la montaña se enteraron de lo sucedido, decidieron castigar a la serpiente haciendo que se hinchara hasta que reventara y muriera. Luego nombraron a Yara dueña de las lagunas, ríos y cascadas, madre protectora de la naturaleza y diosa del amor.
Hay quienes afirman que el vocablo Yaracuy significa "lugar de Yara".
La leyenda de Yara sobrevivió a la conquista española, sufriendo algunas modificaciones. Así fue como tomo el nombre católico de Nuestra Señora María de la Onza del Prado de Talavera de Nivar, denominación que con el paso del tiempo se convertiría en Maria de la Onza o María Lionza.
En 1953, por mandato del General Marcos Pérez Jimenez, se erigió en la autopista Francisco Fajardo, cerca de la entrada de la Universidad Central de Venezuela, una estatua de María Lionza montada sobre una danta, obra del escultor Alejandro Colina.
El culto a María Lionza se ha nutrido de la cultura europea, asiática y africana, conformando un ritual que entremezcla a santos con personajes de la cultura popular venezolana y héroes históricos.
María Lionza, fue una doncella, hija encantada de un poderoso cacique de Nirgua. El chaman de la aldea había predicho que cuando naciera una niña de ojos color verde agua, había que sacrificarla y ofrendarla al Dueño de Agua, al Gran Anaconda porque sino vendría la ruina perpetua y la extinción de los Nivar.
Pero su padre fue incapaz de hacerlo y escondió a la niña en una cueva de la montaña, con 22 guerreros que la vigilaban e impedían su salida. Ella tenia prohibido verse en los espejos de agua. Pero un día una fuerza misteriosa adormeció a los guardianes y la bella joven salio de la cueva y camino hasta el lago, descubriendo su propio reflejo en el agua.
Ella estaba encantada con su visión. Así despertó al Dueño De Agua, al Gran Anaconda, quien emergió de las profundidades, enamorándose de ella y atrayendola hacia si. En el lago María Lionza y la poderosa Serpiente celebraron una comunión espiritual y mística. Cuando su padre descubrió la unión, intento separarlos. Entonces la Anaconda creció, se hizo enorme y estallo provocando una gran inundación que arraso con la aldea y su gente. Desde ese día María Lionza se volvió la Diosa protectora de las aguas dulces y los bosques.
Eso, es lo que cuenta la historia.
Saludos desde Venezuela



