Un rico hacendado coleccionaba caballos y sólo le faltaba uno de determinada raza.
Una mañana se dio cuenta que su vecino tenía el corcel que él quería, así que trató día tras día de convencerlo para que se lo vendiera, hasta que por fin lo consiguió.
Un mes después que hiciera la compra el caballo enfermó y llamó al veterinario quien le dijo:
"Su potro tiene un virus y es necesario que tome este medicamento por una semana consecutiva, luego de ese tiempo veremos si ha mejorado, si no lo ha hecho entonces no queda más remedio que sacrificarlo"
Un cerdo escuchaba la conversación.
A la mañana siguiente el cochino se acercó al equino y le dijo:
"Levántate porque de lo contrario vas a ser sacrificado"
Pasada la semana de tratamiento sin ver mejoría, el veterinario le dijo al hacendado:
"Vamos a tener que sacrificarlo mañana porque puede contagiar a los demás animales"
Cuando los dos hombres se fueron el puerco nuevamente se acercó al animal y le murmuró:
"Vamos amigo, es ahora o nunca, ya no queda más tiempo, ánimo, fuerza, yo te ayudo, tú puedes, uno, dos, tres, despacio, ya casi, eso es, eso es, ahora corre, fantástico... lo lograste campeón"
En eso regresa el ganadero dispuesto a sacrificar al animal y al verlo corriendo grita:
"Milagro, milagro... el caballo mejoró hay que hacer una fiesta. Vamos a matar a este marrano para festejarlo.
Moraleja
Es bueno ayudar a los demás mientras no se arriesgue el pellejo.
