Ante los ojos del Señor todos somos iguales, dejemos que sea Él quien se encargue de juzgar el comportamiento individual de cada uno de sus hijos.
Nuestro Padre Celestial es el único que tiene ese derecho, por lo tanto es mejor no enjuiciar ni sentenciar a ninguno de nuestros semejantes.
Bien claro lo dice el Santo Evangelio:
"El que esté libre de pecados, que tire la primera piedra"
Saludos.
Pallas de Venezuela.
