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sábado, 21 de abril de 2018

EL DOLOR DE PERDER AL HIJO AMADO

María en su dolor profundo, presenció la muerte más atroz e injusta que se haya realizado jamás, pero al mismo tiempo le alienta una gran esperanza sostenida por la fe. Vio a su hijo abandonado por los apóstoles temerosos, flagelado por los soldados romanos, coronado con espinas, escupido, abofeteado, caminando descalzo debajo de un madero astilloso y muy pesado hacia el Monte Calvario, donde finalmente presenció la agonía de su muerte en una cruz, clavado de pies y manos. 
¿Te has preguntado de dónde viene su resistencia, su aguante y su entereza? 
Su fortaleza se la proporciona la oración y la confianza en que la Voluntad de Dios es lo mejor para nosotros, aunque nos cueste entenderla.
Cree, porque la fe es la llave de la esperanza. 











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