miércoles, 22 de junio de 2011

NO TE DEJES DERRIBAR POR INSIGNIFICANCIAS...

La historia trata de un árbol corpulento. 
Centenares de veces habían tronado sobre él las más espantosas tormentas pero ningún rayo logró jamás derribarlo. 
Por entre sus ramas habían bramado violentos huracanes que corrían a velocidades pavorosas, pero él permanecía  orgullosamente erguido, desafiando a las adversidades.
Miles de personas quedaban admiradas por su majestuosidad.
El árbol gigantesco permanecía en pie, derecho, perpendicular, como si los años y los siglos no le hicieran mella. Sin embargo un día llegaron unos pequeños animales. Eran una especie de termitas o comejenes. Y el árbol colosal les dio cabida entre sus raíces.
Eran tan pequeños que parecían no ofrecer peligro alguno. Pero si su estatura era pequeñita, su apetito era inmenso, insaciable. Y empezaron a roer. Poco a poco aquel gigante de la selva comenzó a notar el debilitamiento que en su vitalidad producían estos diminutos insectos.
En mala hora les había dado cabida dentro de sí y ahora querían acabar con él. Y un día, cuando sus raíces se hallaban ya totalmente devoradas por los pequeños animalitos, un huracán, una ráfaga de viento arrancó con facilidad esa mole inmensa que parecía desafiaba a todas las convulsiones y a la duración misma de los siglos.
En su ruidosa y estrepitosa caída envolvió a todo cuanto existía en su vecindad. Hombres, animales, plantas, todo quedó oprimido bajo su peso inmenso.
El silencio que reinaba a su alrededor se interrumpió con el ruido espantoso que causó su caída. No fue el diente del jabalí, ni las garras del tigre, ni el veneno temible de las serpientes, ni el hacha destructora de los leñadores lo que logró derribarlo. La causa fue sencillamente, haber dado hospedaje a unos diminutos comejenes que acabaron con la fuerza de sus raíces.
Y esto es lo que ha sucedido a personalidades tan robustas. Se dejaron atribular por insignificancias cuyo recuerdo deberían haber alejado de sí mismo como se alejan los insectos roedores de un sitio que se quiere conservar bien.
Quien da cabida en su pensamiento a preocupaciones insignificantes, puede estar seguro de que estos pequeños comejenes o gorgojos echarán por tierra el árbol de su salud mental. Y a la primera contrariedad fuerte o el primer problema de envergadura que se le presente, el vigor de su espíritu estará ya tan debilitado por los ataques de las pequeñeces que lo hacían preocuparse, que caerá estrepitosamente en el abismo de la frustración y de la desesperanza arrastrando consigo ilusiones, ideales y todo lo que encuentre a su paso.
Por eso de vez en cuando debemos preguntarnos:
¿Esto que me está preocupando tiene tanta importancia como para que yo le conceda un puesto especial en mi mente y autorización para que destroce mi sistema nervioso y mi salud mental?
No permitas que nada ni nadie te contamine ni destruya lentamente tu tranquilidad, porque las angustias destruyen nuestra paz mental. 
Además la vida es demasiado breve para dedicarla a preocuparse por pequeñeces.
Resuelve tus problemas y dedícate a vivir feliz... eso, es lo que más importa.

Saludos desde Venezuela


















  

2 comentarios:

  1. OK ESTA REFLEXION NOS ENSEÑA MUCHO QUE LA VERDAD NO DEBEMOS DEJARNOS ARRASTRAR POR PERSONAS QUE QUIEREN HACERNOS DAÑOS CON COMENTARIOS Y CHISMES QUE NO NOS HACEN NINGUN BIEN DEBEMOS VIVIR LA VIDA COMO DIOS MANDA TRANQUILAMENTE FELIZ SIN QUE NADIEN NOS DAÑE Y SE INTERPONGA EN NUESTRO CAMINO

    ResponderEliminar
  2. Comparto tu pensar.

    Con todos los problemas que podamos enfrentar en nuestro diario caminar no debemos permitir que nos manipulen, es muy triste actuar como marionetas. Cada quien debe tener su individualidad propia y hacer lo que mejor crea conveniente.

    Saludos y gracias por tu comentario.

    ResponderEliminar