miércoles, 3 de agosto de 2011

EL CASO MÁS ANTIGUO DE COMO SABER SUFRIR


¿Quién no ha leído la narración de Job? 
Es uno de los libros más impresionantes de toda la Biblia. Lo compuso un altísimo poeta, y como poema acerca del dolor no se ha escrito nada más sublime.
Job era el más rico de su tierra y el más estimado entre los notables. Enseñaba a los ignorantes, defendía a los débiles, socorría a los necesitados y animaba a los que estaban tristes. Pero un día estando el Señor alabando ante sus ángeles, la buena conducta de Job, apareció por allí el pérfido  Satanás y comentó: 
"Claro, es bueno, porque Dios no lo ha dejado sufrir. Pero permitame quitarle sus bienes y verá que maldice y se vuelve malo". Y el Altísimo se lo permitió. Y vino el oscuro personaje y trajo cuadrillas de asesinos que le robaron todo su ganado y le mataron sus obreros, luego hizo caer el techo de la casa sobre sus siete hijos matándolos a todos.
Pero Job no maldijo ni se volvió malo. Solamente exclamó aquella frase famosa y admirable:
"Dios me lo dio, Dios me lo quitó,  bendito sea Dios".
Y el Padre alabó una vez más a su amigo Job delante de sus ángeles, pero por allí apareció otra vez el malvado Satán y añadió: "Job es bueno porque tiene buena salud. Pero permitame quitarle la salud y verá que se vuelve malo y maldice". Y Dios se lo permitió. Y le salió a Job una llaga desde el extremo del pie hasta la coronilla de su cabeza. Su mujer lo expulsó de su casa por oler tan mal. La gente lo insultaba y despreciaba. Echado entre el estiércol de una pesebrera limpiaba con un pedazo de teja los gusanos de sus llagas.

Y los muchachos de la calle venían a burlarse de él como de un loco. Y la misma esposa le proponía que se suicidara. Por las mañanas suspiraba diciendo:
¿Cuándo llegará la noche?, esperando que se alejaran los que lo venían a insultar.
Y al anochecer exclamaba asustado:
¿Cuándo amanecerá el día?, para que el malvado no le trajera más espantos y sustos.
Y además de todo esto, vinieron tres amigos que en vez de consolarlo se propusieron dedicarse a comprobarle que seguramente él era un hombre sumamente malo ya que el Salvador había permitido que le sucedieran tantas desgracias.
Y a toda esta narración impresionante, la Santa Biblia añade:

 "Y en todo esto Job no pecó con su lengua".
A su esposa que lo quería llevar a la desesperación le respondía:
"Si recibimos del Señor los bienes, por qué no habremos de aceptar también de Él los males".

En toda la antigüedad no se vio ejemplo tan maravilloso del modo como saben recibir las penalidades las personas de gran carácter. Solamente Jesucristo logró superar este ejemplo impresionante. 
Ojalá que nosotros supiéramos sufrir de manera parecida. Y no olvidemos que como premio de esta heroica paciencia, Dios terminó por dar a Job otra esposa mucho más buena, otros hijos e hijas mejores que los anteriores, y el doble de bienes, ganados y obreros de los que había tenido antes, y todo con una salud rebosante, cantidad enorme de nuevos amigos y de aprecio, y 140 años de fructuosa vida.
A muchos no les pagará de esa manera aquí en la Tierra, pero el salario que nos tiene en el cielo es mil veces mejor. Con una sola condición:
Que sepamos sufrir pacientemente, sin maldecir y ofreciendo al Omnipotente nuestras penalidades. 


 Saludos.
 Pallas. 




  


No hay comentarios:

Publicar un comentario