Ponle freno a tu lengua.
Cumple tus promesas a cualquier precio.
Enriquece tu vocabulario con palabras amables y alentadoras.
Elogia el trabajo, sin importarte quien lo haya hecho.
Ten siempre una sonrisa en tus labios.
Olvida tus penas, preocupaciones y desengaños.
Alégrate con los que están contentos y acompaña a los que lloran.
No juegues con los sentimientos de los demás; las bromas pueden herir a quien menos crees y sobre todo sé paciente.

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