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sábado, 21 de mayo de 2011

PARA REFLEXIONAR: EL ESPEJO



Virginio vió a la señora, que estaba en el coche parada, al costado de la carretera.

Se dió cuenta que ella necesitaba ayuda. Detuvo su coche y se acerco. El coche de la mujer olía a nuevo. La mujer pensó que podía ser un asaltante porque él no inspiraba confianza, se notaba pobre y hambriento.


Virginio percibió su miedo y le dijo: "estoy aquí para ayudarla señora, no se preocupe". ¿Porqué no espera en el coche que está mas caliente?. A propósito, mi nombre es Virginio.
El carro de la dama tenía una llanta pinchada. Virginio se agacho, colocó el gato mecánico y levantó el coche. Luego de cambiar la llanta quedó un poco sucio y con una herida en una de las manos.
Cuando apretaba las tuercas de la rueda ella bajo el vidrio y comenzó a conversar con el hombre. Le contó que no era del lugar, que solo estaba de paso por allí y que no sabía como agradecer por la valiosa ayuda. Virginio apenas sonrió mientras se levantaba.
¿Cuánto le debo?, preguntó la mujer. Ya había imaginado todas las cosas terribles que podrían haber pasado si ese hombre no hubiera parado para socorrerla. Virginio no pensaba en dinero, desde niño demostró amabilidad y le gustaba ayudar a las personas.
Este era su modo de vivir, y respondió: "si realmente quiere pagarme, recuerde esto: cuando usted encuentre a alguien que precise de ayuda, dele a esa persona el auxilio que ella necesite y acuérdese de mi". 
Algunos kilómetros después, la señora se detuvo en un pequeño restaurante.
La mujer que atendía, vino hasta ella y le trajo una toalla limpia para que secase su mojado cabello y le dirigió una sonrisa.
 La señora notó que la mujer estaba con casi ocho meses de embarazo. En ese preciso momento se acordó de Virginio. Después que terminó su comida y mientras la camarera buscaba cambio... la dama se retiró.
Cuando la criada volvió, notó algo escrito en una servilleta y además habían cuatro billetes de mil euros, cuando leyó lo que estaba escrito en aquel papel las lágrimas salieron de sus ojos. Decía:
"Alguien me ayudo hoy y de la misma forma te estoy ayudando. Si tu realmente quisieras reembolsarme el dinero, no dejes que este circulo de amor, termine contigo; ayuda a alguien".
Aquella noche, cuando fue a su casa... quedo pensando en la bendición que había recibido y dibujo en su rostro una gran sonrisa.

Agradeció a Dios y se dirigió al marido que dormía a su lado, le dio un beso suave y susurro: "todo estará bien, te amo... Virginio".
Reflexión:
No te contagies de la falta de amabilidad que nos rodea. No dejes de hacer el bien, ayuda a todo el que te necesite.
La vida es así... un espejo, todo lo que tu das; vuelve a ti.
Se tu también un espejo de amor para los demás y te aseguro que te sentirás feliz. 
Saludos, desde Venezuela mi patria querida.

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