Paseando por el bosque, un zorro se encontró con un oso hormiguero, a quien saludó burlonamente:
Hola compadre, que hocico tan ridículo tienes y que boca tan pequeña, supongo que con ella no podrás disfrutar del sabor de las frutas y de la carne como lo hago yo, y dime, ¿esas garras tan grandes de que te pueden servir...?
A mi, la naturaleza me ha premiado, tengo un cuerpo esbelto y soy muy astuto.
El oso hormiguero no le hizo caso y siguió su camino tranquilamente.
Pasó el tiempo y se presentó una gran sequía, las frutas se hicieron muy escasas, tampoco había animales pequeños que pudieran servirle de alimento, el zorro, flaco y sin fuerzas caminaba por el campo cuando nuevamente se encontró con el oso hormiguero y sorprendido le preguntó:
Oye, ¿cómo haces para lucir tan bien?
Estas garras que tú dices son inservibles, me sirven para romper el muro de las termitas y dentro de esta trompa que a ti te parece ridícula, tengo una lengua tan larga que me permite llegar a la profundidad de los nidos y comer los sabrosos y nutritivos comejenes, ellos nunca faltan pues se alimentan de madera seca.
El zorro quedó mudo con la explicación y el oso hormiguero continuó dándose vida con su banquete.
Moraleja:
No hay que jactarse de las virtudes que se puedan poseer y burlarse del aspecto de los demás.

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