Los sentimientos de venganza agotan el cerebro, debilitan el sistema nervioso, desfiguran el rostro y probablemente acortan la existencia. Nuestros enemigos se sentirían felices si supieran todo lo que nosotros estamos perdiendo por estar pensando en planes de desquite y escarmiento.
Lleva la vida con calma y recuerda que la revancha enferma y nos envejece antes de tiempo.
Saludos.
Pallas de Venezuela.


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